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V. Davydov
LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. VISTA DESDE MOSCÚ
La situación transitoria por que atraviesa el desarrollo mundial es un hecho universalmente reconocido. El momento actual viene determinado por el inicio de la época postindustrial y la potente ola de globalización que se ha levantado sobre esta base. Dicha transitoriedad se manifiesta en los cambios geopolíticos cardinales ocurridos tras la quiebra del orden global bipolar, la evolución de la mayoría de las economías nacionales con rumbo al modelo de apertura liberal y la transformación de los sistemas políticos internos.
En este contexto parecería que "la franja de posibilidades" de que disponen los diversos países debería estar rígidamente determinada por los procesos generales, globales. Sin embargo, la praxis presenta una gran diversidad de variantes en los ritmos y los resultados de los cambios, el grado de avance en una u otra dirección, ya sea en el terreno de la política o la economía, el campo de las innovaciones tecnológicas, el logro o la alteración del equilibrio social. Las tendencias generales inciden de distinto modo en el ámbito nacional concreto en función de las peculiaridades étnico-civilizacionales, las bases socio-económicas de partida, la forma en que se concreta el factor político subjetivo, la matriz de la inserción en las estructuras económicas y geopolíticas mundiales. Es evidente que la elección de la trayectoria de transición, su corrección con el fin de minimizar los costos y maximizar los logros dista mucho de ser una cuestión ociosa para la Rusia actual. Y, por supuesto, no sólo para Rusia. En las diversas latitudes, el pensamiento político y científico trabaja en el diseño de esquemas óptimos para superar los problemas dolorosos de la transición y construir una sociedad y un sistema económico adecuados a la época postindustrial, asegurando la satisfacción de demandas materiales y espirituales de la ciudadanía al nivel de los estándares más avanzados.
En todo caso, el estudio de la experiencia española no será inútil. Y es que pese a las múltiples diferencias entre los dos países existen también ciertas coincidencias en la trayectoria y periodicidad del avance histórico, en el tipo "fronterizo" de la matriz civilizacional, en el carácter poliétnico y multicultural de la población, en las asimetrías de la estructura estatal y territorial, en cierta similitud del nivel medio del desarrollo económico y bienestar en la etapa inicial de la transición. Ambos estados, ambas sociedades se formaron en el crisol de la lucha contra la invasión extranjera oriental. En ambos casos – y con absoluta sincronía – la reconquista se transformó en un proceso de expansión imperial. Los conquistadores españoles y los cosacos rusos son personajes de tipología histórica muy similar. La diferencia consiste en que la expansión española "sobresaltó" el océano mientras que la rusa se desarrolló en el marco continental. Quizá por esta razón el imperio ruso duró más tiempo (primero en su forma autocrática, después en la soviética) y conservó más territorio: en tierra firme resulta más fácil controlar grandes espacios. En el siglo XX ambos estados fueron escenario de violentas conmociones, con inmensas pérdidas humanas por muerte física o debido al éxodo. En esos años penosos el enrarecimiento de la capa más culta de la población tuvo efectos especialmente sensibles. Tanto Rusia como España sufrieron el yugo del totalitarismo, si bien de signo político contrario.
Por lo demás, estas diferencias evidentes entre España y Rusia no constituyen el objeto de este estudio. Nuestro interés en la presente monografía se ha centrado en la "anatomía" de la transición española, en su esencia, sus principales parámetros y resultados, en los secretos de su éxito y los obstáculos persistentes, en los riesgos, las "minas de acción retardada". Tal es la idea por que se guían esta introducción y toda la monografía. Intentemos, pues, formular en síntesis (a tono con las reglas a que debe atenerse toda introducción) las grandes líneas del modelo español de transición, tal como lo percibe el colectivo de autores. Señalemos ante todo que – a diferencia, por ejemplo, de los estados post-socialistas de Europa Central y Oriental – España no sufrió una transformación sistémica, pero sí hubo transformación de carácter integral. La transformación no fue (ni podía ser) sistémica porque la economía nacional funcionó de modo ininterrumpido sobre bases de mercado, aunque durante largo tiempo se mantuvo bastante cerrada (o semicerrada). Por otra parte, la transformación fue integral porque de hecho en España tuvo lugar una triple transición, una transición que se operó en tres planos principales del desarrollo.
Sin embargo, tal triplicidad no es algo exclusivo de España. El lector puede recordarnos con razón el caso de Portugal o el de Grecia. Quizá quepa también considerar como similar por la amplitud de los cambios la transición más tardía que se efectuó a finales del siglo XX en varios países de Europa Central y Oriental (incluyendo las repúblicas bálticas) que vinculan su futuro con la Unión Europea. Pero insistimos: en este caso concreto (a diferencia del español) se trata de una transición basada en la transformación sistémica. Las oportunidades ligadas a la descompresión del totalitarismo se deben a la erosión interna del régimen franquista y a la política del "tendido de puentes" en las relaciones con Occidente, promovida por Washington en el campo de colaboración militar. Además, el propio dictador necesitaba ese "deshielo" y apertura para atraer recursos adicionales y romper la muralla del rechazo moral.
Con la muerte de Franco, en 1975, el dique de contención se vino abajo. El potencial de transformaciones, tanto tiempo agarrotado, empezó a materializarse a ritmo caleidoscópico y en medio de peligrosos conflictos. El que se haya logrado evitar riesgos fatales se explica probablemente por dos razones. La primera radica en las características de la sociedad civil, que había ido madurando de modo latente en el seno del régimen anterior y que en un momento crucial propiciaron la firma de los pactos de Moncloa – un ejemplo del compromiso civilizado. La segunda es la influencia amortiguadora que ejercieron la monarquía recién restaurada y las cualidades subjetivas del propio monarca, un personaje histórico que apareció en el debido momento y en el lugar adecuado, como un don de la Providencia para los españoles El gobierno del Partido Popular encabezado por José María Aznar (partido inicialmente conservador derechista que evolucionó hacia posiciones de centro-derecha), logró aprovechar ese contexto favorable, tras derrotar en las urnas a los socialistas que acusaban ya el desgaste de largos años en el poder y los efectos de escándalos que salpicaban. El gabinete de Aznar hizo hincapié en la racionalización de los mecanismos económicos y del mercado de trabajo, en asegurar la competitividad de la economía española en el contexto de la Unión Europea. En este plano se apuntó bastantes logros. Lo que les perdió a los "populares" fue el haberse apartado del cauce tradicional de la política exterior de España, imprimiéndole un arriesgado escoramiento hacia el "atlantismo" y desviándose netamente de los principios del consenso social, sobre los cuales se cimentaba el tránsito democrático del país. Esto se refiere, en primer término, a la decisión voluntarista – tomada a despecho de la postura de mayoría aplastante de los españoles – de participar en la ocupación de Irak. La sociedad civil no perdonó ni esta opción ni los intentos del Gobierno de Aznar de desorientar a la población cuando se empezó a investigar las motivaciones e identificar a los organizadores de los horribles atentados terroristas del 11 de marzo de 2004, y negó a los "populares" su confianza en los comicios parlamentarios.
* * * El retorno de los socialistas al poder inaugura una etapa cualitativamente distinta en el desarrollo histórico del país, tomando en consideración, antes que nada, el hecho de que la "triple transición" había terminado, surgiendo nuevos imperativos – internos y externos – del desarrollo. Pero el estudio de esta nueva etapa desborda ya el marco de la tarea que nos planteamos y hemos procurado cumplir en la presente monografía. Los autores aspirábamos a sistematizar las ideas sobre el contenido y peculiaridades del período transitorio en España, presentando en una síntesis lo más completo posible los diversos factores, circunstancias y esferas de la vida social (política interior, económica y relaciones internacionales), incluyendo la "época de Aznar". Ha quedado al margen de este trabajo la esfera cultural. No es que los autores y el consejo de redacción la menosprecien, sino porque otro equipo de especialistas del ILA ha venido preparando casi simultáneamente para su publicación en la editorial Nauka un estudio centrado concretamente en ese temario, el libro Cultura de la España moderna: las vicisitudes de la renovación. Paralelamente, investigadores del Centro de Estudios Ibéricos del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias Rusa y especialistas del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias Rusa están trabajando en una monografía dedicada a los problemas actuales de España, incluyendo la economía, política y cultura. El libro debe ser publicado en el año 2007 y confiamos en que dará respuestas argumentadas a las preguntas de cómo realiza el país su potencial del desarrollo en la década en curso y cómo se adapta la sociedad española a los desafíos de la globalización.
Nuestra monografía viene a compensar en cierta medida la escasa presencia de estudios integrales de la problemática española en la literatura científica rusa de las últimas décadas. Cierto es que en los últimos 10 ó 15 años vieron la luz unos cuantos trabajos bastante acertados, de buen nivel profesional. Entre estos figuran las monografías de S. M. Jenkin y O. V. Butórina (1), de que nos hemos valido como punto de partida en el análisis de muchas cuestiones clave. En la primera de estas obras se ofrece una interpretación cualificada de los acontecimientos de la transición política propiamente dicha, en la segunda, de las causas y resultados del auge económico de los años 80 y principios de los 90. Sin embargo, repitámoslo, desde hace tiempo faltaba un estudio integral de los aspectos fundamentales de la transición (económicos, institucionales, socio-políticos, de política exterior). El último intento de presentar un cuadro general del tema corresponde a un grupo de autores dirigido por V. Zagladin (2). Desde entonces ha pasado mucho tiempo, y tanto los lectores rusos que sienten interés por la España moderna como los especialistas que estudian ese país en el marco de su actividad profesional, necesitaban tener una visión más o menos completa. En cierta medida habremos logrado satisfacer este interés; en otra, no. Pero, en definitiva, será el lector quien juzgue. De entrada, quienes componemos el consejo de redacción de esta monografía queremos expresar agradecimiento a nuestros colegas españoles participantes de los simposios ruso-españoles (3) que organiza periódicamente el Centro de Estudios Ibéricos del ILA de la Academia de Ciencias Rusa conjuntamente con científicos de distintas universidades españolas: Francisco Aldecoa Luzárraga (Universidad Complutense de Madrid), Jesús de Andrés Sanz (Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid), Manuel García Díaz y Dominga de la Paz González Suárez (Universidad de Granada), Antonio Sánchez Andrés, Carlos Ochando Claramunt, Vicenta Fuster Estruch, Raúl de Arriba Bueno, Cristina García Testal, José March Poquet, Elena Rocher Vicedo (Universidad de Valencia) y Antonio Colomer Viadel (Universidad Politécnica de Valencia). Sus ponencias, su participación en las discusiones y pláticas nos han ayudado a comprender mejor los complejos procesos de transición que se han ido operando en España, en su economía y su sociedad.
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