ÃËÀÂÍÀß Î ÍÀÑ ÄÅßÒÅËÜÍÎÑÒÜ ÑÒÐÓÊÒÓÐÀ ÏÓÁËÈÊÀÖÈÈ ÊÎÍÒÀÊÒÛ ÊÀÐÒÀ ÑÀÉÒÀ ESPAÑOL
Ðåéòèíã@Mail.ru

Natalia Konstantinova
Ph.D (Historia)
Instituto de Latinoamérica

UNA CULTURA FASCINANTE


 

Las culturas, como las personas, tienen su propia aura que atrae a unos y aliena, o deja indiferentes, a otros. Es un fenómeno inexplicable. A vezes, la aura se convierte en el carisma. En tal caso, el número de admiradores de esta cultura aumenta en proporción geométrica.


Estoy absolutamente convencida que la cultura argentina es una cultura carismática. Su funclub internacional es enorme, y los rusos se encuentran en “las  primeras filas”. Como hace tiempo soy admiradora de esta cultura, tengo muchas ganas de hablar de toda su riqueza, pero entiendo que, en el marco de un breve artículo, es una misión imposible.  Por eso voy a limitarme solamente a algunos  fenómenos y figuras de aquellos que, como dicen los franceses, son  hors de concours.  Por la misma razón, voy a concentrarme principalmente en el siglo XX que, a pesar de haber sido, como se canta en el famoso tango, “cambalache, problemático y febril”, fue, sin embargo, el siglo de mayor repercusión de la cultura argentina en el mundo.


Esto no quiere decir que en las épocas anteriores no había nada de importante en la vida cultural del país.  Al revés, cada etapa en su  historia tenía sus valores y sus destacados representantes que no sólo  formaban el proceso cultural en Argentina,  sino también tuvieron una representación  expresiva fuera de sus fronteras. Basta recordar los  nombres como Luís de Tejedo - el primer poeta nativo; Manuel José de Lavarden - el primer dramaturgo nacional; Bartolomé Hidalgo - fundador de la poesía gauchesca; José Hernandez – autor de Martín Fierro, obra maestra de la literatura latinoamericana; Estebán Echeverría – autor del primer cuento argentino El Matadero; Domingo Faustino Sarmiento – creador del  Facundo;  José Mármol –creador de la primera novela argentina Amalia; José Ingenieros – famoso filósofo;  y, por supuesto,  muchísimos otros que merecerían una atención especial. Pero, lamentablemente,   es imposible abarcar lo inabarcable.

 

*   *   *


Como se sabe,  cada país tiene su símbolo o símbolos culturales. En Argentina los hay muchos. Sin embargo, existe un supersímbolo. No es dificil de adivinar que se trata del famoso tango argentino. Tengo una gran tentación de empezar mi breve viaje por la cultura argentina con esta “joia”. Pero,  he decidido dejarla por el postre. Voy a empezar por otro objeto de orgullo nacional: la literatura.

 

En el principio era la Palavra


 

El comienzo del siglo XX fue marcado en Argentina por una verdadera revolución modernista. Entre otros factores que favorecieron a esto, fue la llegada al país del  famoso poeta nicaragüense Rubén Darío. El ambiente para aceptar nuevos hálitos era muy fecundo. No es sorprendente que inmediatamente los argentinos tomaron la iniciativa designando al líder modernista de la escala nacional. Me refiero a  Leopoldo Lugones que se convirtió en un modelo de emulación con una larga descendencia posterior. Se le considera uno de los modernistas más eminentes de la poesía latinoamericana. Los críticos literarios rusos a veces comparan Leopoldo  Lugones con el famoso poeta ruso Constantín Balmont llevando en cuenta la“opulencia decorativa” de las obras de ambos.


Al movimiento modernista  adscribieron los primeros escritos del autor uruguayo-argentino  Horacio Quiroga y de Alfonsina Storni, quienes luego encontraron su propia voz. Sus nombres se conocen fuera de su patria y, por supuesto, en Rusia que, hace tiempo, había recebido  el título del país “más leyente del mundo”.  Por exemplo, la novela Anaconda de Quiroga,  publicada en ruso en 1960, hoy es una edición anticuaria. Después siguieron Cuentos de la selva y varias otros libros,  siempre  despertando interés de nuestros lectores.


Es muy importante el aporte a la cultura nacional del escritor Ricardo Güiraldes – autor de Don Segunda Sombra – uno de los mejores exemplos de la literatura regionalista de toda Latinoámerica.  El tema de esta novela que trata de la  autoidentificación personal en el ambiente  multicultural,  hoy en día, probablemente,  es actual como nunca.


Era  muy fatídico la aparición en el comienzo del siglo XX de dos tendencias magistrales que, en una o otra forma, impregnaron  posteriormente toda la cultura argentina. Una de ellas fue representada por el grupo  literario y artístico Florida que se caracterizó por la  máxima atención a las cuestiones estéticas. Sus miembros (poetas, escritores, artistas plásticos, músicos) se reunían en la confeteria “Richmond” de la céntrica y elegante calle Florida.


Otra tendencia encontró su cristalización en la formación del grupo Boedo  cuyos miembros escogieron como su tema central los problemas sociales.  Su sede era en la editorial Claridad, mientras que el lugar de encuentros se ubicaba en los suburbios obreros de la capital argentina. Al núcleo de ese grupo pertencían Leόnidas Barletta, Elías Castelnuevo y Roberto Arlt con sus correligionarios que, con el tiempo,   se convertieron en  las figuras famosas dentro y fuera del país.
Los del grupo “Boedo” se identificaron con  una concepciόn de la literatura como herramienta al servicio del cambio social. En las obras de  Roberto Arlt y sus compañeros  aparece un nuevo protagonista de la novela latinoaméricana – empleado menor de una gran ciudad, un perdedor que sufre agudamente su soledad y siente la futilidad de la existencia humana.


Es muy importante subrayar que, a pesar de sus divirgencias, los participantes de cada grupo eran representantes de   una verdadera élite intelectual de sus tiempos. En realidad, la oposición estética y ideológica que se perfiló entre ellos no solo no perjudicaba, sino enriquecía el desarrollo de la cultura nacional,  abriendo camino a una amplia variedad de tendencias y corrientes.


Este período de la historia literaria argentina, a pesar de la distancia cronológica, tiene ciertas semejanzas con el famoso Siglo de Plata en Rusia en lo que toca a la intensidad de la vida cultural, la “lucha de ideas”, sea estéticas o ideológicas, y la alta calidad de la producción literaria.


El  siguiente acontecimiento importante en la evolución de la literatura argentina fue la creación de la revista Martín Fierro que  causό la formaciόn de un grupo más de escritores y poetas que intentaron superar el modernismo que les parecía  ya desfasado. En este contexto,  surgen los nombres de Oliverio Girondo, Conrado Nalé Roxlo y Jorge Luis Borges -  el más conocido y reconocido escritor argentino.


Brillante poeta, prosaíco, filósofo y ensayista, Borges  supo lograr la perfección en todos los géneros en que trabajaba. Siendo enciclopedista, él percebía el mundo como una enorme biblioteca. Su visión, a pesar de una trágica ceguedad física, era estereoscópica, como dirían actualmente, “en el formato 3 D”. Gracias a este don, Borges es considerado, y con toda razón, uno de los más grandes eruditos del siglo XX. La varieded de géneros y estilos, la perfeccion del  lenguaje, el universalismo de sus ideas,  junto con   la originalidad y la diversión de sus obras de ficción,  lo hacen un escritor para todos los gustos. Mientras que los  lectores “intelectuales” se engolfan por entero en el mundo de sus ideas, los lectores “casuales” se entretienen con sus ingeniosas novelas policiales.


A mi modo de ver, el hecho que su posición política le impidió ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato casí 30 anos, es una injusticia histórica. Para tal caso hay un proverbio: “no se puede confundir  el don de Dios con los huevos”. De todos modos,  Borges goza de una verdadera  fama mundial. Sus obras han sido traducidas a decenas idiomas. Las traducciones al ruso, publicadas en un gran número, nunca se quedan por mucho tiempo en los estantes de las librarías de nuestro país. Creo que el inextinquible interés en su obra es el mejor monumento a este célebre argentino.


Otro mérito indiscutible de Jorge Luís Borges consiste en  que  él encabezó una pléyade de los futuros  símbolos literarios y intelectuales de su patria. Entre ellos figuran los representantes de diferentes generaciones, tendencias políticas y corrientes literarias. Lo que une a todos ellos es el talento y, como consecuencia, altísima calidad de sus obras.  Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Manuel Puig, Osvaldo Soriano, Abel Posse,  entre otros,  eran  y siguen  siendo verdaderos  “dueños de los corazones”, tanto  de sus compatriotas, como de los lectores de diferentes países, y  no solamente de habla española.


Los años 60-80 entraron en la historia cultural, tanto de Argentina, como de toda Latinoamérica, como “una hora estrelar”. La aparición de la nueva novela latinoaméricana fue acompañada por el verdadero boom literario y editorial.


En este momento la literaturà argentina tuvo sus mejores expresiones – más allá de los variables géneros y estilos – en la producciόn de Julio Cortázar(Rayula), Manuel Puig (La traiciόn de Rita Hayworth), Abelardo Castillo (Cuentos crueles), entre otros.


Una relectura de la obra de Roberto Arlt desde la crítica académica, más los importantes cambios político–sociales de esta década,  prepararon un campo para que la literatura de aquellos años tenga sus mejores expresiones –más allá de las variables de género y estilos– en la producción de muchos escritores latinoamericanos y,  particularmente, argentinos.


En tal contexto, Julio Cortázar representa una de las figuras clave de este fenómeno sin precedentes en la historia de la literatura del continente. Este escritor supo combinar una profunda propención a la cultura europea con el interés continuo en la realidad argentina.  En sus famosas novelas lo real y lo fantástico se entrelaza de  una  manera virtuosa creando aquella mágica realidad que hasta ahora simboliza la existencia latinoamericana.  Siendo uno de los rincipales fundadores del realismo magico, Julio Cotrázar se convirtió en portavoz de este fenómeno. Como ningún otro, él supo crear su propio espacio intelectual donde actuaban personajes que,  a menudo,  eran el alter ego del escritor. La fantasía irrefrenable de Cotrázar de ninguna manera le impedía tratar de los problemas fundamentales de la existenca humana, es decir:  el bien y el mal; la opresión y la libertad, el egoísmo y el deber moral. El carácter metafórico y, a veces, demasiado sofisticado de su prosa no sirve de obstáculo para entendimiento de su posición, tanto en el plano artístico  como ideológico. Sus cuentos y novelas representan una metáfora detallada de los temas que le preocupan: el sentido de la vida, el tiempo, la muerte, la doble personalidad, etc.


La novela más famosa de Cortazar, La rayela, es practicamente una confesión de un intelectual argentino que siente un descontento espiritual, un fuerte rechazo de la sociedad en que le tocó vivir y,  al mismo tiempo,  aspira una armonía con el mundo a su alrededor. El éxito internacional de esta obra maestra del escritor argentine estaba por encima de todas las  esperanzas.


No será ninguna exageración decir que desde la aparición en ruso en 1970 del libro de cuentos Otro cielo y hasta hoy dia Julio Cortazar era y sigue siendo para nuestros lectores  uno de los escritores favoritos del siglo XX.  No es casual que la mayoria de las obras de Julo Coortazar esta traducida al ruso.


Hace poco salió en Rusia otro libro de Cortázar intitulado Estoy jugando en serio…Es el primer contacto de los lectores rusos con los brillantes ensayos de Julio Cortázar, en los cuales sus reflexiones filosóficas (y al mismo tiempo líricas), sobre la existencia humana en la contemporaneidad,   refleten la riqueza de su mundo interior. Es muy elocuente la confesión de Cortázar hecha  en una de las entrevistas: “Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas como son”.
Otro nombre importante de la literatura argentina es Ernesto Sábato. Sus obras  se asocían con la prosa filosófico-psicológica de América Latina. Su primer novela,  El  túnel,  se hizo  una de las grandes novelas sudamericanas del siglo pasado. El autor analiza el contradictirio y doloroso mundo interior de un intelectul de su época. El  profundo conficto interior impide superar la alienación, lo que lleva el protagonista al asesinato de su amada. En las obras de Sábato se revela la conección con varios escritores de renombre mundial, tales como Camus, Graham Green, Dostoyevski y varios otros. Es evidente la influencia de este clásico ruso sobre la próxima obra del escritor argentino – Sobre héroes y tumbas. A la siga de Dostoievski,  Sábato   examina la vida de la  sociedad humana en el momento de las transformaciones radicals, quando se abren nuevas perspectivas halagadoras del desarrollo histórico.


Los lectores rusos tienen la oportunidad de apreciar el valor de este talentoso escritor argentino porque tres de sus mejores obras – El túnel, Sobre heroes y tumbas, Abdadón el Extriminador fueron traducidas al ruso.


Otro argentino  bién conocido a los amantes rusos de la literatura es Manuel Puig. Autor de las novelas La traición de Rita Hayworth, Boquitas pintadas, El beso de la mujer araña, Cae la noche tropical  (entre otras) son  traducidas  (además del ruso)  a muchos otros idiomas. Como escribe el historiador literario ruso Borís Súbichus: “ Puig presta la máxima atención al problema de influencia de cultura de masas sobre la conscencia de los argentinos” – un tema que en el siglo XXI es aún más actual.


Merece una atención especial la obra de otro excelente escritor argentine: Osvaldo Soriano. El hecho de que su primera novella,  Triste, solitario y final, publicada en 1973, pronto fue traducida a doce idiomas, habla por sí mismo. En este libro se revela la  característica principal de su obra: la perfecta combinación de épica con el sentido de humor.


En lo que se refiere a la segunda novela del escritor (No habrá más pena ni olvido), cuyo título proviene de un famoso tango de Gardel Mi Buenos Aires querido, su repercusión era todavía mayor. Además de numerosas traducciones, fue llevada al cine por Héctor Olivera que ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín.


El título de la quinta novella, Una sombra ya pronto serás, hace referencia a otro famosísimo tango – Caminito. Se considera el libro más triste de este talentoso escritor. La hora sin sombra es la última novela de Osvaldo Soriano que murió irremisible temprano. En total, sus novelas fueron traducidas a más de veinte idiomas.


Como ocurre a menudo, después de la ascension  viene la recesión. Poco a poco, el boom literario se calmó, dando lugar a otras tendencias traídas por el espiritú del tiempo cuando la conciencia postmoderna “usurpó” el Occidente. Argentina respondió a este desafío de una manera digna poniendo en el primer plano una nueva generación de autores consonantes a l’air du temps.


Uno de los representantes más famosos del posmodernismo, no solamente argentino sino, también, latinoaméricano, Abel Posse, es  tamibién  bastante conocido en nuestro país, entre otras razones porque en los años 60  trabajό en la Unión Soviética como diplomático. Su obra es muy prestigiada entre los lectores rusos de varias  generaciones, especialmente más jóvenes. El talento multifacético combinado con el repensamiento de la tradición cultural anterior, el uso de un material temático muy amplio son subordinadas en la obra de este escritor a una tarea doble: la identificación del carácter original de Latinoamérica en el contexto de la civilización occidental junto con la intelección de los patrones del proceso histórico-cultural en el Occidente a la luz de experiencia latinoamericana. Sus novelas más importantes fueron traducidas al ruso y muchas otras lenguas que es, sin duda, una mejor prueba de su calidad y de su atracción para lectores.


Lo que atraye más en la figura de Abel Posse es su amplia erudición y buen  conocimiento de la literature rusa.  En una de sus entrevistas Posse dijo lo siguiente: “La literatura rusa significa mucho para mí – Dostoyevski, Gogol, Chejov, Tolstoi, Nabokov, Bely, Paustovski, Ajmatova…La literatura rusa se ve como un enorme edificio, espléndido por fuera y muy dificilmente organizado por dentro”. Esta metáfora  me parece muy fina y muy cierta.


Estoy terminando (con lástima) mi breve “paseo” por la literatura argentina, pero tengo una consolación: sin duda, nos esperan muchos encuentros  con  nuevos nombres  y nuevas obras  de letras argentinas.


De la Palabra  al Sonido


 

Lo que la República Argentina es  un  país de la extraordinaria riqueza musical es un hecho de conocimiento común.  No común es su increíble popularidad independiente del género. En función de la  diversidad cultural, existe una gran variedad de estilos y repertorios argentinos que, a menudo,  van más allá de los límites nacionales, convertiéndose  en el patrimonio internacional. Y no solamente porque para esta forma de arte es más facil “cruzar las fronteras”, como  la música no necesita la traducción.  No obstante, este factor no es decisivo para la popularidad de la  música arqentina. Hay otros, más importantes:  el alto nivel de la cultura musical del país en todas sus manifestaciones; su indiscutible calidad y la fina  maestría de sus mejores representantes, sea compositores o intérpretes. Gracias a ellos, tanto la música erudita, como folklórica y popular, son bastante conocidas fuera de la Argentina.


En la música culta argentina, así como en la literatura, existe una cierta linea divisoria que separa dos  tendencias principales,  formadas historicamente. Muy convencionalmente, una puede ser descrita como “realista”,   y otra – como “modernista”.  Cada de estas tendencias básicas (con  sus  múltiples variaciones), tiene figuras que la  simboliza. En el caso de música erudita,   se trata, respectivamente, de dos brillantes  compositores argentinos de  renombre internacional: Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. En realidad,  su  contraposición me parece a vecés exagerada. A pesar de ser seguidores de estilos diferentes,  los dos tienen una cosa en común  muy importante. Su  fuente de  inspiración  es la misma, es decir, las ricas tradiciones de la cultura folclórica nacional.


Carlos Guastavino entró en la escena musical argentina como seguidor de la “generación 80” (Alberto Wiliams, Julian Aguirre y otros). Sus composiciones son exponentes del nacionalismo romántico. Guastavino concientemente se distsncaba  de los compositores modernistas. Su posición estética él formuló de tal modo: “Compongo música porque lo amo. Amo la melodía,  amo contar. Y he averiguado con placer que hay un público allí fuera muy interesada en mi música. Me niego a solo componer música pensada para ser descubierta y entendida por generaciones futuras”.


Su éxito al crear una música nacional atractiva empleando el lenguaje romántico, le convirtió en un modelo para futura generación de autores de música popular con raízes folclorícas. El  apego de Carlos Guastavino al estilo tradicional no significaba la falta de innovaciones en sus obras. Al revés, estas innovaciones eran tán frutíferas que inspiraron y siguen inspirando los mejores compositores de música argentina, tanto culta, como popular. No es de exrañar que los compositores (incluso los jóvenes) de la música popular del siglo XXI  también frecuentemente buscan su inspiración en la obra de Carlos Guastavino.


Su célebre colega y compatriota Alberto Ginastera es otro símbolo indiscutible de la cultura argentina. Su compromiso artístico con el modernismo no quiere decir que Ginastera era menos patriota que Guastavino. Basta decir que él era el fundador del Conservatorio en La Plata. Los ballets Panambi (en el quión de la mitología de los índios) y “Estancia” (los temas folclóricos) le trajeron la fama. Con estas obras confirmó su posición del compositor argentino nacional. Su creatividad fue influenciada por neo folclorismo y a partir de los años 50 – por el expresionismo y el vanguardismo. Es autor de famosas óperas Don Rodrigo, Bomarzo, de cantata La América mágica , de las sinfonías, conciertos para el piano, para el violín y concierto para violoncelo, entre otras obras.


La composición más famosa de Ginastera que se interpreta en las salas de conciertos por todo el mundo es su suite del ballet Estancia, inspirado por ls vida en el rancho argentino. La obra está influenciada por los “folcloristas”  europeos y rusos: Bartok, Manuel de Falla, Stravinski, etc.


Recientemente el público ruso tuvo la suerte de escuchar las geniales composiciones de Alberto Ginastera interpretadas por la fantástica Orquestra Sinfónica Juvenil de Venezuela “Simón Bolívar” bajo la dirección de Gustavo Dudamel, considerado uno de los directores de orquestra  más talentosos y  originales de la actualidad.


Hablando de la música argentina no podemos olvidar que la Ciudad de Buenos Aires es una de las reconocidadas capitales musicales del mundo.  Aquí se encuentra el legendario teatro El Colón,  uno de los mayores  teatros de opera en el Hemisferio Occidental donde  dirigieron y estrenaron sus propias composiciones muchos clásicos de la música erudita: Richard Strauss, Camille Saint-Saens, Manuel de Falla, Paul Hindemith, Igor Stravinski y muchos otros genios de la música clásica. En esta lista interminable, entre otras celebredades,  figuran los cantantes  Enrico Caruso, María Callas, Titta Ruffo, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras.  Y, por supuesto, los rusos. Fiodor Chaliapin, Irina Arkhipova,  Evgeny Nesterenko, Elena Obraztsova. Desde su creación y hasta hoy día,  ara cada artista es un gran honor tocar, cantar o bailar en este famoso palco.

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Volviendo a las “tarjetas de visita” argentinas,   merece un destaque muy especial la pintoresca figura del gaucho. Se ha convertido en un pesonaje casí mitólogico de la literatura y los artes argentinos. La transformación  de los gauchos en “personas muy importantes”  tuvo lugar  durante el movimiento para la independencia de  Argentina en que ellos desempeñaron un papel considerable.


Es muy relevante su rol en la formación de la cultural nacional. Así, la poesía gauchesca  es considerada  uno de los fenómenos más  genuínos de la literatura latinoamericana. Algunos de los bailes más populares en Argentina también fueron  inventados por gauchos. Son llenos de ritmo,  amor y pasión. Con respecto a esto, me gustaría recordar la famosa “danza gaucha” del mundialmente conocido Conjunto Nacional Ruso  de Danza Popular” Igor Moyseev”. Este número está en el repertorio de este célebre colectivo hace decenios, y su éxito es implacable, sea en Rusia o  durante numerosas giras internacionales.Lo mismo con el canto.  Casí todas las canciones que cuentan sobre los amores y penas  de su vida son improvisaciones acompañadas por la  guitarra.


 Las hazañas y la propia imágen del gaucho siempre inspiraban y siquen inspirando los escritores, pintores y artistas argentinos.  Sus trajes típicos,  tán  prácticos para los vaqueros,  son mundialmente conocidos.  Botas de potro, calzones, chalecos, bufandas y otras ropas tradicionales (junto con las  boleadoras) inspiraron hasta modistas, y  no solamente argentinos o latinoamericanos, sino de varios lugares del mundo que cada día se hace más compacto.


Los gauchos modernos, como en otros tiempos, simbolizan la independencia, fidelidad a las  tradiciones y amor a la libertad.


No se puede olvidar que el maté también es un aporte de gauchos en la civilización humana. Ahora. cuando se observa un calentamiento global ese aporte adquiere más valor todavía.


Actualmente, es dificil (por lo menos, en América y Europa) encontrar alguna ciudad más o menos  importante donde no hubiera el restaurante intitulado El Gaucho. Rusia en este sentido no es una excepción.


Música inmóvil

 


En nuestro país se suele comparar la arquitectura con la música congelada. Llevando en cuenta el clima argentino la definición más correcta sería música  inmóvil. Me parece que el exemplo argentino es una confirmación más de validéz de esta comparación, pues sus paisajes, tanto naturales, como artificiales,  son consonantes con melodías y ritmos musicales del país.


Dios generosamente donó la naturaleza argentina de una belleza infinita. Es un verdadero museo al aire libre donde existe una armonía impresionante entre la belleza natural y la belleza arquitectónica. No es de extrañar que muchos espacios naturales y culturales han sido declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, sea, entre otros, Parque Nacional Los Glaciares, Misiones Jesuítas Quaranies, Cueva de las Manos y, por supuesto, Parque Nacional Igiazú con sus famosas Cataratas al fono de espléndidos paisajes de la selva subtropical que las rodea.


Hay que render homenaje a los arquitectos de varias épocas que no solamente no estropearon esta hermosura, sino la enriquieceiron con sus lindas obras. Claro que, conocer “personalmente” todas estas bellezas es un privilegio de aquellos que tuvieron o tienen la suerte de visitar este país. Afortunadamente,  el número de estos “privilegiados” está creciendo. El nivel de desarrollo del sector turístico en el siglo XXI junto con la ausencia de barreras ideológicas que existían anteriormente permiten a bastante gente realizar su sueño. Para los demás,  existe otra salida. Los modernos medios de comunicación hacen possible un viaje virtual por este maravilloso país. Por lo menos, es  mejor que nada.


Otro mérito de los argentinos (y no sólo de arquitectos) es el tratamiento cuidadoso de  su patrimonio cultural.  Gracias a esto, se mantienen su esplendor de antaño  las ciudades como Córdoba, Mendoza, Santa Fé, Rosario y, desde luego, Buenos Aires que, de verdad,  “nunca se podrá olvidar”.


Hay construcciones de épocas diferentes que sirven de tarjetas de visita de la capital  porteña y otros lugares. Así, En Buenos Aires se aprecia claramente la sencillez del barroco rioplatense en las iglesias de San Ignacio y Nuestra Señora del Pilar, la Catedral y el Cabildo. Se destacan también la Iglesía de Santa Felicitá, el Palacio de Justicia, el Congreso Nacional Argentino y,  anteriormente mencionado, todos ellos de Victor Meano. El Teatro Colón que, después de la inaugurción en 1908, estaba en costrucción casí 20 años. Se convirtió en admirable exemplo de combinación armoniosa de varios estilos gracias al perfreto trabajo de tres arquitectos: Francesco Tamburini, Vittorio Meano y Jules Dormal.


Según la estimación general, uno de los arquitectos más importantes de la primera mitad del  siglo XX es Amancio Williams. Influenciado por Le Corbusier, él empezó a buscar el funcionalismo constructivo que correspondía a los gustos  de  su tiempo. Pero,  ya en los años cinquienta una nueva generación de arquitecos empezó a procurer una identidad arquitectónica nacional. Estas búsquedas fueron coronadas por el éxito de  las construcciones de Peralta Ramos, Clorinda Testa, Alfredo Agostini, y Sánchez Elía en las décadas siguientes. De esta manera llegaron a la arquitectura argentina el vanguardismo y modernismo.


Durante varios decenios, en Buenos Aires predominaba la construcción de rascacielos, cuyos autores Cesar Pelli, Emilio Ambash y otros hoy gozan de una fama internacional. Sus obras, en gran medida, formaron la bella imagen de esta linda  ciudad. Su charme encantador resulta de una feliz combinación de tres elementos fundamentales:  hermosos edificios, amplios espacios y rica vegetación.


Hay lugares en Buenos Aires que fueron inmortalizados en la prosa y poesía argentina, en las letras de canciones, en las pinturas y esculturas. Entre ellos: la calle Caminito, la cuna del tango que se ha convertido en un verdadero museo por su valor cultural y histórico; Corrientes –la céntrica calle porteña donde se encuentra la mayoría de teatros, cines y bares, también  celebrada en  el famoso tango; La  Avenida de Julio – la más amplia y soleada de la capital que lleva su nombre en honor del Día de la Declaración de la Independencia de la Argentina; el b arrio San Telmo – uno de los más antiguos de la ciudad, con sus numerosas iglesias antiguas, tiendas y ferias de antigüidades; el barrio del la Recoleta que se destaca por su grandes espacios culturales…


Practicamente todos los estilos arquitectónicos están presentes en la arquitectura argentina donde los modelos europeos adquirieron los razgos nacionales que, sin duda, enriquecieron este arte en el continente américano. Hablando del siglo XX no puede dejar de mencionar diferentes estilos y sus mejores representantes que, conjuntamente,  han creado el aspecto arquetectónico de la Argentina contemporánea.


Es el estilo neoclásico con elementos modernistas en los albores del siglo XX (Meano, Dormal); el estilo neocolonial en la ségunda década del siglo pasado; las tendencias racionalistas al final de años 20 cuando fue construido el primer rascacielos en Buenos Aires( Sanchez Lagos y de la Torre); la adaptación de la arquitectura europea al ambiemte local en los años 30-40 (Vladimiro Acosta); las búsquedas activas del estilo nacional en el quarto decenio del siglo pasado (Amando Williams, posteriormente considerado uno de los mas importantes de la primera mitad del sigloXX); las tendencias racionalistas de las años 50 ( Alvarez y Ruiz – arquitectos del Teatro Municipal en Buenos Aires); neobarroco y neomodernismo; el monumentalismo (Sanchez Elía, Peralta Ramos, Alfredo Agostini, Clorinda Testa – creadores del famoso edificio del Banco Lloyds en la Capital).


Entre los arquitectos argentinos conocidos y reconocidos mundialmente hay que destacar César Pelli, tanto por su talento,  como por  la “geografía de su obras construidas en diversas partes del Globo. Su construcción más famosa,   las Torres Gemelas En Kuala Lumpur,  fue  la construcción más alta del mundo hasta la aparición del famoso rascacielos en Dubai.


Otro nombre  importante es Emilio Ambasz – un argentino que vive y trabaja en los Estados Unidos. Tanto Pelli, como Ambasz figuran entre   los mejores arquitectos de la contemporaneidad. Sus obras combinan el carácter decorativo, variedad de estilos y el uso de  los elementos construcivos de alta tecnología.


En el siglo XXI han sido construidas importantes edificios de alta tecnología  como, por exemplo, la Torre Le Parc de Mario Alberto Alvarez. La tendencia muy importante consiste en que en Argentina actual se centra cada vez más atención a la arquitectura ecológica. 


Artes Plásticas

 

Por regla general, el conocimiento de la historia de artes plásticas de otro país es la prerrogativa de los especialistas en este género del arte que forman un círculo relativamente reducido. Simultaneamente,  existe un auditorio mucho más amplio de los amantes del arte que aprovechan cada oportunidad para conocer los trabajos de los mejores  maestros de pintura y escultura de diferentes rincones del globo.
 Indudablemente, las artes plásticas argentinas están en el campo del interés de los amantes del arte de Rusia.


El primer encuentro del público ruso con artes plásticas de Argentina tuvó lugar en 1957 cuando dentro del programa del YI Festival Internacional de la Juventud y los  Estudiantes en Moscú pasaban las exposiciones de pintores de diferentes países del mundo. Los maestros argentinos de grabados habían dejado una parte de sus trabajos en el “Museo Estatal de Bellas Artes”. Más tarde, en 1974 y en los  comienzos de 80,  las obras de los gráficos argentinos fueron expuestas en el Museo de las Culturas Orientales. Además,  en 1998 en Moscú  pasaron las exposiciones de pintura y escultura de las mujeres artistas,  en la Sala de Exposiciones de la Academia de las Artes y en el Instituto de Latinoamérica.
Vale la pena evocar que los destinos de varios artístas plásticos rusos eran vinculados con Argentina. El más conocido de ellos  es el escultor Erzia-Nefedov. También dejaron su huella en la historia del arte argentino el pintor Anatoly Sokolov y pintor y artista gráfico Boris Kriukov que habían llegado a Argentina en 1948.


Los contactos tán raros pueden ser comparados con una gota en el océano del interés a los artes plásticas argentinos. Hoy se puede llenar parcialmente este vacio a través de  Internet. Claro que no es lo mismo que conocer el original de  la obra de pintura o escultura en el museo. Aun, como se dice, “mejor tener un pájaro en la mano que un grúa en el cielo”.


En lo que se refere a la pintura argentina  del siglo XX y el comienzo del XXI es un verdadero manual para conocer todas las corrientes y escuelas, tanto de la Europa, como de Latinoamérica: naturalismo, impresionismo, postimpresionismo, realismo crítico,  arte social, muralismo, abstracción, nuevo realismo,  arte figurativo, surrealismo, vanguardismo, postmodernismo, conceptualismo, neoconceptualismo.  Esta lista puede ser ampliada. 


Entre muchísimos artistas de gran talento me gustaría destacar tres nombres, quizás, los más conocidos fuera de Argentina. Son Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino.  Sus precursores eran los participantes del grupo llamado Artistas del Pueblo, correlato plástico del grupo literario Boedo. Según las palabras de un historiador del arte argentino, “éste núcleo formado en bibliotecas de izquierda al calor de las obras de Tolstoi  puso el énfasis en los problemas sociales. Esta tendencia del arte social se intensificó en el realismo crítico de los años 30, que rechazaba la abstracción por considerarla elitista”. Precisamente dentro de esta corriente sobresalieron Lino Enea Spilimbergo,  Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, que apelaron a técnicas más diferentes, en especial, al mural  y procedimientos como el collage.
Los artistas del mismo círculo intelectual, los tres eran amigos y a menudo trabajaban juntos creando varias obras primas.


Pintor y grabador Spilimbergo es considerado uno de los más grandes maestros  del arte argentino. En sus multiples  obras  el conseguía lograr una armonía entre diversos estilos, en particular, entre clásico y moderno. Su trayectoria artística empezó por el postimpresionismo donde predominaban los paisajes luminosos  y escenas costumbristas. Después su atención se concentraba cada vez más en la figura del ser humano. Una temática social se hizo  el mayor desafío de las obras de Spilimbergo. En sus creaciones plásticas, a su vez, hay muchos elementos metafóricas y surrealistas. Son innumerables las esposiciones nacionales y internacionales en que participó este maravilloso artista, ganador de muchos premios prestigiosos, tanto en su pais, como en el extranjero.


Amigo y colega de L.E. Spilimbergo, Antonio Berni es otra figura clave de la cultura argentina del siglo XX. Su primera exposición pasó cuando Berni tenía solamente 15 anos. Tres anos después, sus paisajes en el estilo impresionista, elogiados por los criticos,   llamaron la atencion del público al joven artista.


A largo de sesenta años de su carrera, Berni se convirtió en uno de los mayores artistas de toda América gracias a su pintura de observacion y critica de la realidad. Desde su fallecimento las escasas obras de Antonio Berni alcanzan cifras altísimas en las subastas internacionales, y todos los grandes museos de Arte contemporaneo cuentan con alguna de ellas en sus colecciones.


Pintor, arquitecto y dibujante Juan Carlos Castagnino – otro nombre simbólico en  artes plasticas argentinas. Castagnino  siempre se consideraba el alumno de Spilimbergo. Sus obras están presentes tanto en numerosos museos de arte, como  en importantes colecciones particulares. Es, sin duda, uno de los artistas más nacionales de Argentina. El fenómeno de su popularidad está bien explicado por Leon Benaros,  poeta, historiador y critico de arte,  que dijo: “Castagnino centra su pintura en el hombre, integra la figura humana en el paisaje, ennoblece la presencia de sus criaturas de carne y hueso, sin atemperarles demasiado la dureza del gesto con que las ha señalado la vida. Su impronta nacional,  sin embargo, no se alcanza por la sola virtud de su tematica tán nuestra,   sino, sobre todo, por una atmosfera, por el particular resplendor de los cielos, por un calor que parece aprendido de la tierra”.


Hablando de artes plasticas argentinas seria injusto dejar de mencionar el nombre de  León Ferrari. Según el índice de   New York Times es uno de los cinco artistas vivos más provocadores del mundo. Sus obras son muy  talentosas  y, al mismo tiempo,  muy controvertidas. Los temas principales ( las guerras, la intolerancia y la religion)   son interpretadas de una manera mordaz y, a veces, chocante. Su exposición  realizada en 1976en el Centro Cultural Ricoleta era una muestra retrospectiva del trabajo de Ferrari durante mediosiglo.  En 2007 Ferrari  fue elegido mejor artista de la Bienal Internacional de Arte de Venecia donde a León  se le otorgó  “El Leon de Oro”.


 
Arte Melpómene

 

El teatro argentino es otro símbolo relevante de la cultura nacional.
Los comienzos del siglo XX inauguran la época de oro en la vida teatral del país, donde brillaron los nombres de Roberto J. Payró (Sobre las Ruinas; Marco Severi), Florencio Sánchez (Nuestros Hijos; En Familia) y Gregorio de Laferrere (¡Jettatore!, Las de Barranco), quienes dieron importante impulso a la actividad escénica, basada en una estética costumbrista de alto impacto en el público.

 

Una huella muy importante en la historia teatral argentina dejó antes mencionado Leónidas Barletta,   fundador del Teatro del Pueblo, piedra fundamental del Movimiento del Teatro Independiente, ubicado en las antípodas del  teatro comercial. La Consolidación de este movimiento  se desarrolló en los umbrales de los años 50. Este fenómeno tuvo una resonancía enorme en toda la  América Latina.  Además de Barletta, cabe citar los nombres de dramaturgos como Andrés Lizarraga, Agustín Cuzzani o Aurelio Ferreti quienes,  en aquel período   estrenaron sus primeras obras,  y  de  elencos, como La Máscara y el Grupo Juan B.Justo.


En 1949, Carlos Gorostiza (El Pan de la Locura, Los Prójimos, El Acompañamiento) estrenó El Puente. A esta etapa corresponden también las primeras producciones de  Osvaldo Dragún (La Peste viene de Melos; Historias para ser Contadas). Esta piezas fueron puestas en las escenas de muchos países, tanto dentro, como fuera de América Latina. El público ruso  tuvo varias oportunidades  de conocer algunos de los mejores obras de dramaturgos argentinos que llamaron la atención de nuestros directores teatrales.


Los ´60, años de cambio y de cuestionamientos sociales, éticos y estéticos, produjeron una renovación en la escritura teatral y en la puesta en escena, que se perfilará en tres direcciones diferentes:


El teatro de vanguardia y experimentación, a la luz de las búsquedas iniciadas en el Instituto Di Tella, con las producciones de Eduardo Pavlosky (Espera Trágica, El Señor Galíndez) y de Griselda Gambaro (El Desatino, El Campo), que vigorizaron la escena argentina;


El realismo social, representado por Soledad para Cuatro de Ricardo Halac, Nuestro Fin de Semana de Roberto Cossa o Réquiem para un Viernes a la Noche de Germán Rozenmacher;


El nuevo grotesco, representado por La Fiaca de Ricardo Talesnik, La Valija de Julio Mauricio o La Nona del Roberto Cossa.


Con la dictadura militar de mediados de los años ´70, soplaron aires sombríos. Muchos actores y gente del oficio se vieron obligados a emigrar.
La resistencia se concentró en pequeños teatros y fue el movimiento independiente el que determine el ambiente de nonconformismo. Autores como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Carlos Somigliana y Carlos Gorostiza, con el apoyo de otros dramaturgos y actores, crearon Teatro Abierto, inaugurado el 28 de julio de 1981 en el Teatro del Picadero. Desde la primera función la convocatoria desbordó las 300 localidades previstas en un horario insólito y a un precio exiguo. Una semana después un comando de la dictadura incendió la sala y esto provocó la mayor solidaridad social. Casí veinte dueños de salas, incluidas las más comerciales, se ofrecieron para garantizar la continuidad del ciclo y más de cien pintores donaron sus obras para recuperar las pérdidas. Teatro Abierto continuó y cada función fue un acto de resistencia cuya repercusión estimuló a otros artistas.   Así surgieron, a partir de 1982: Danza Abierta, Poesía Abierta y Cine Abierto.


El Teatro Abierto fue uno de los momentos más emocionantes en la historia cultural argentina del siglo XX. Fue una prueba de la unidad espiritual de las personalidades de la cultura ante el mayor enemigo de la creación que es la falta de la libertad. Era un exemplo a seguir.


El retorno de la democracia   permitió el surgimiento de nuevas búsquedas artísticas en el teatro argentino que dieron sus frutas. Actualmente, el teatro sigue siendo una actividad muy fecunda en la Argentina. S e ha consolidado la
dramaturgia, , a partir de la obra de figuras como Ricardo Mont,i Mauricio Kartun, , Eduardo Rovner, y otros.


Las mujeres, por su parte, comienzan a ser justamente reconocidas por su quehacer. Al nombre siempre vigente e innovador de Griselda Gambaro, pueden sumarse los de Alicia Muñoz Susana Gutiérrez Posse , Adriana Cursi.
Estoy recordando con muchas emociones  m encuentros inolvidables  con algunos  brillantes representantes del teatro argentino durante su visita a Moscú: Roberto Cossa,  Carlos Somigilana, Inda Ledesma, que aumentaron más todavía más mi interés y amor a la cultura de su país


El séptimo arte

 


El cine argentino es, sin lugar a dudas,  otro objeto de orgullo nacional.  Las razones son varias.  Primero: su edad.  El 18 de julio de 1896 en el Teatro Odeón de Buenos Aires tuvo lugar la primera proyección cinematográfica en el país, mediante el uso de la tecnología de los hermanos Lumière. El  hecho  que el  cine de Argentina es coetánio del cine mundial habla por sí mismo.


Segundo:  a lo largo del siglo pasado la producción cinematográfica argentina se trnsformó en una de las principales del mundo en idioma castellano.
Tercero:  las películas  argentinas se caracterizan, salvo raras exepciones, por una alta calidad que se revela,  antes de todo, en el trabajo de sus talentosos directores y actores.


Como en Rusia existe una afinidad con todo lo argentino, la producción cinematográfica de este país tradicionalmente atraye una atención especial, desde el primer impacto que tuvo lugar en 1954 cuando la película  La edad del amor fue un rotundo suceso en  nuestro país,  y Lolita Torres se convirtió en una actriz favorita de varias generaciones de los aficionados del cine. Lo mismo ocurrió en muchos otros  países.


Creo que vale la pena hacer un breve recorrido por los momentos importantes del cine argentino.  En sus comienzos, la historía y la literatura argentinas  proporcionaron la temática básica del cine nacional cuyo primer éxito fue Nobleza Gaucha, película realizada en 1915  por Humberto Cairo inspirada en el Martín Fierro de José  Hernández. El primer largometraje  -Amalia (1914) también fue inspirado por la  novela homónima de José Mármol. En el año 1917  debutaba Carlos Gardel, en el filme Flor de durazno dirigido por Francisco Defilippis Novoa.


A pesar de muchas dificultades, durante la segunda guerra mundial, la cinematografía nacional siguió adelante.  Hugo del Carril se convierte en la figura destacada de esos años (Las Aguas Bajan Turbias, La Quintrala, Más Allá del Olvido).


En  los años posteriores a la Guerra , después de la creación  el Instituto Nacional de Cinematografía se afirmaron directores como Leopoldo Torre Nilsson (La Casa del Ángel, La Mano en la Trampa) o la dupla compuesta por Fernando Ayala y Héctor Olivera (El jefe, El candidato), que abrieron camino a la llamada generación del \\'60,  directores independientes que actuaban por fuera del sistema de estudios.


Por otros caminos, Fernando Birri impulsó el cine documental de contenido social (Son también los años de inicio de Leonardo Favio, actor, cantante y director (Crónica de un Niño Solo, El Dependiente).
A fines de la década comenzaron los ensayos de cine alternativo y experimental, encarados por directores que venían de la publicidad y el cine de denuncia social, simbolizado por el grupo Liberación en el que participaban Fernando Solanas y Octavio Gettino (La Hora de los Hornos). Estos directores ganaron un reconocimiento amplio en el mundo cinematográfico.
Con el retorno democrático de 1973, el cine nacional tuvo un gran momento, tanto en su calidad como en su masividad. Favio volvió a filmar (Juan Moreira), al igual que Lautaro Murúa (La Raulito). Héctor Olivera apuntó al cine histórico (La Patagonia Rebelde) y Sergio Renán logró una candidatura a los premios Oscar (La Tregua).


En 1995, con la aparición de la nueva Ley la filmografía argentina tomó un nuevo impulso.  Surgió entonces una generación de creadores que renovaron estética y contenido del cine nacional. Entre ellos podemos citar a Fabián Bielinsky (Nueve Reinas), Lucrecia Martel (La Ciénaga), Pablo Trapero (Mundo Grúa) y Juan José Campanella (El Hijo de la Novia). Esta camada obtuvo múltiples premios y reconocimientos e hizo del “séptimo arte” una nueva puerta de entrada a Argentina. Es evidente que estos premios representan la mayor prueba del reconocimiento internacional del cine argentino. Vamos a dar algunos exemplos:


La historia oficial del  director Luis Puenzo en el año 1986 ganó un Oscar  como “la mejor película en lengua  extranjera”.


En 1985,  Rafael Solanas  obtiene  por su  cinta Tango... El Exilio de Gardel los más importantes galardones en el Festival de Cine de Venecia y en él de la Habana. (Estoy segura que esta película, con toda razón, puede ser clasificada entre las obras maestras del cine mundial). Al terminar de filmar la película Sur en 1988, Solanas  recibe el Premio al mejor director en Festival de Cannes, y en varios festivales más.


En el año 2010, en España, en  el  Festival de Málaga,  el cine argentino obtuvo, además de los tres premios en la Sección Territorio Latinoamericano, el Primer Premio en la Sección Documental por Fotografías  de Andrés Di Tella.
La lista no es nada completa, pero suficiente,  para mostrar que el cine argentino contribuye al alto prestigio de cultura nacional.


Su Magestad el Tango

 


Y por fin el postre prometido – el tango,  principal símbolo argentino.
No es ninguna exageraciόn decir que la cultura mundial sería mucho más pobre si a fines del siglo XIX en los suburbios de Buenos Aires no hubiera aparecido el célebre baile rioplatense después difundido internacionalmente. Creo que los argentinos no se ofenderán  si digo que La cumparsita,  en la percepción de los extranjeros,  es el segundo “himno argentino”.

 

La convivencia de inmigrantes, negros y gauchos,  con sus tradiciones y nostalgias,    hicieron del tango un producto cultural único en el mundo. Sabemos que  en su origen las canciones eran solamente instrumentales, ejecutadas por tríos de guitarra, violín y flauta.. Más tarde incorporó el bandoneón – instrumento procedente de Alemania–, que en la Argentina adquirió un sonido muy especial. Los investigadores del tango siempre subrayan que sus primeros años de vida el tango  era ejecutado y bailado en prostíbulos Es una  verdad. Pero existe otra:  con el tiempo tango se transformó en el Rey de Bailes por su popularidad sin fronteras.


Los grandes poetas con sus letras que evocan el amor frustrado y el arrabal que se quedó en el pasado,, entrararon   en escena en la segunda década del siglo XX, a partir de Mi noche Triste de Pascual Contursi, tema que describe los sentimientos de un hombre abandonado por su mujer, grabado por Gardel en 1917 y que dió origen a lo que más tarde se denominó “tango– canción”. 


La danza fue un elemento esencial para la difusión del género y se desarrolló sobre dos vertientes: la de ritmo alegre, veloz y vivaz; y la triste, sentimental y reconcentrada. En esta segunda etapa cobró importancia la letra, a la que daba su impronta personal cada cantante. Entre los más destacados brilló Carlos Gardel, el zorzal criollo, incuestionable divulgador del tango.


En la década de  40 la radiofonía y el cine nacionales contribuyeron notablemente a llevar al tango a un período de esplendor hasta iniciados los años 50, con letristas, cantantes y músicos de la talla de Osvaldo Pugliese, Francisco Canaro, Enrique Cadícamo, Aníbal Troilo, Horacio Salgán.


Entre los años 60 y 70 el tango conoció un momento de especial fecundidad con variantes modernas como las del Sexteto Mayor, el Cuarteto de Colángelo y especialmente con Astor Piazzolla.


Las especies más tradicionales se conservarán, aunque renovadas con el aporte de personales intérpretes como Julio Sosa intitulado El Varón del Tango y Roberto Goyeneche.


Actualmente el género ha despertado el interés de las generaciones más jóvenes y han surgido compositores que cultivan incluso, el tango electrónico.


Ciudadano ilustre de Buenos Aires

 

 

Hoy día Astor  Piazzola,  según muchos especialistas y melómanos, es reconocido uno de los músicos de tango más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Pero no siempre era así. Cuando Piazzola, el mejor alumno de Alberto Ginastera,  intentó entralazar en el tango los elementos de la música erudita empezando a   introducir las  innovaciones radicales  en el ritmo, timbre y armonía  del  genero tán querido, fue muy criticado por los tangueros de la «Guardia Vieja». Algunos de ellos, los más ortodoxos,  en los años 50-60 lo apodaban  el asesino del tango y decretaron que sus composiciones no eran tango.  Piazzolla respondió con gran dignidad: «Es música contemporánea de Buenos Aires”» dando  una nueva definición del genero tán querido.


El  éxito fabuloso llegó más tarde, cuando en su país y en el exterior fue reconocido como un genio. Pienso que el premio más alto Maestro  Piazzola recebió en 1985 cuando fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.


En 1982  Piazzola escribe su famoso Le Grand Tango, para chelo y piano, el cual estuvo dedicado al  genial chelista ruso Mstislav Rostropovich.


El repertorio de Astor Piazzola es tán amplio que es dificil dar preferencia a una o otra obra. Pero el mismo compositor hizo su elección.  Es el tango  "Adiós Nonino" obra que refleja una emocionada despedida por la muerte de su padre. En 1990, durante una entrevista declaró: “El tango número uno es Adiós Nonino. Me propuse mil veces hacer uno superior y no pude”.


Aunque pueda parecer increíble  Rusia ahora vive un verdadero boom del tango argentino. Es dificil encontrar una ciudad más o menos importante de nuestro país donde no hubiera una escuela o un clube del tango. Entre los profesores hay bastante argentinos, latinoamericanos o rusos con una preparación profesional. La edad de alumnos varía entre los adolescentes y las  personas de “tercera edad”. El amor al tango ayuda superar las barreras físicas y psicológicas, sentirse más jóven, más feliz . En otras palabras, mejorar la calidad de vida.


Los lectóres rusos y, antes de todo, los amantes del tango este año ganaron un regalo inestimable. La Editorial rusa “Música” publicó un libro único – “El tango argentino” cuyo destino era no menos drámatico que el destino del propio tango. Su autor, Pavel Pichuguin, uno de los mayores especialistas en la  música latinoamericana, en general,  y  en el tango,  en particular, (por lo menos fuera del  Continente), había concebido este proyecto varios decenios atrás. El trabajo duró muchos años. Un estudio detallado de este fenómeno sin par está   acompañado en el libro por las partituras musicales y, lo que es más valioso todavía, por las traducciones equirítmicas de los más famosos tangos argentinos.


Este trabajo fundamental fue terminado en vísperas del fallecimiento de su talentoso creador. La era de transtornos que llegó después no permitía realizar la edición. El sueño, tanto del autor, como de los lectores, se realizó en el año 2010, poco antes del   Bicentenario de la Independencia de Argentina. No creo que sea una pura coincidencia…

 

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